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A mí, de sombras

¿Me vienen a hablar de sombras, a mí?
¿A mí, la que desaparece cuando los telones del cielo se tocan,
juegan,
se montan,
muerden
y derrocan?

¿A mí?
¡Si soy la inaudible!
Atrofiada por poemas barrocos,
cabalgatas invisibles
y funestas batallas gregorianas.

¿Que me suicide?
Si tanto ya me mataron las metralletas de los hombres,
el temblor de sus dientes y sus serenetas chillonas,
como sombreros avergonzados de su canto o corazones agrietados por palabras,
que nada son si no labios trémulos?

¿A mí, que me ha ensordecido el runrun de las pistolas de los autocoronados revolucionarios,
masturbantes en lenguas espinosas,
con miradas posadas,
cual ráfagas de sol,
sobre los agujeros de la discreta decadencia de palacios pornográficos?

¿A mí, que convierto toda esquina en una tierra para amar?
¿A mí, de sombras,
que las asusto como los espantapárajos de antaño
o tumbas de camposanto a quien no juega al ajedrez?
¿A mí, crucificada con cuentas abandonadas por el desierto de Sonora,
ardientes espinas clavadas por las manos?
¿A mí, que no soy más que anhelo petrificado,
cristal del deseo
y niebla de memoria?

¿A mí?

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