Ir al contenido principal

Los poemas gemelos


Estrellas

14 de abril de 2020

Posadas sobre mi noche, estrellas anarquistas tejen un manto con secretos y lágrimas de miel;
peregrinas sobre puentes fantasma,
niebla de voces
y miradas evaporadas en suspiros de bocas,
hechas de besos,
diluidos entre balcones conglomerados de vacío,
pordiosero de la muerte.

Estrellas, pasajeras de la historia, sus  evangelios y pergaminos,
de cielos, cuentos y promesas;
de sueños,
robados y torturados;
de esperas,
anhelos azules.

Estrellas, angustias desechas en un pozo sin agua.


Brillo


16 de abril de 2020

Estrellas anarquistas,
posadas sobre mi noche,
tejen un manto con mechones de secreto y lágrimas de miel. Con paso peregrino bailan sobre los puentes fantasma; voces de niebla y miradas evaporadas. Van de boca en boca, hechas de besos diluidos entre balcones conglomerados de vacío. Transeúntes por desesperaciones ahogadas en pedazos de muerte y furia gris. Pasajeras en el vuelo de la historia y trovadoras de angustias que cantan hasta que sus versos se deshacen en un pozo sin agua.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Raudal

Te aspiro en la espera interminable del hilo tendido frente a mí, inánida presencia, triángulos perdidos, ruido ingobernable que cabalga hacia mis furias sedientas,  mientras los abalorios de arena se entierran en tu boca. 

Sepulcral

Searching in the prints of animal life; those whispers of sand, of holding hands of the dead and my friends. Away. Oh, there, the plains and the stars laugh at me for the lost and the time that went to somewhere, in between the lines of dirty hands, old books and hot pens. Oh, that nights of rough beds, mountains of bodies searching souls and some angels' dust in the eyes. People. I'm forgetting (that feeling). The touch. And the hug. The frozen voice and images that fly through wires. I miss the tongues, unprisioned by wines and the sound of bottles, emptied by words.

Leer al cielo

Era de noche y Lua ladraba. Se camuflaba con las sombras y los gatos. Sus ladridos eran mi camino; creía que me llevaban de los oídos, pero no; sólo me acompañaban a la catástrofe. Como siempre, testigos de mis intentos suicidas. Llegamos al monte. Con mis orejas desnudas y mis ojos nublados, busqué. Arranqué las flores y desenterré las piedras. No hubo espectáculo de nada, pero la nostalgia se lució; desfiló con sus plumas empolvadas y los aluxes bailaron. La humedad trazó su cauce y, sobre una hoja de palmera, llegamos a una entrada. Pudo ser cualquiera, pero era la de un templo silenciado. Aún de pie; sobre sus muros desgarrados, sus códices desaparecidos, figura desequilibrada y sin rastros de un color. Lloramos. A lo lejos, allá arribita, las estrellas contaban historias indescifrables y yo, ante la dictadura del sonido, escuchaba. Si algo no sé, es leer al cielo.