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Mostrando las entradas con la etiqueta poemas

II. Flores: Venecia

II. Flores: Venecia Quiero esas acarameladas en macetas, esas enbalconadas, entre luces y ropa húmeda. Las quiero para un abrigo, para una vajilla en la cual servir y beber café, para escribir en sus pétalos que me gusto y que también me gustas, para ponérmelas en el cabello y desafiar la temporada, paralelo a este invierno que, aparentemente, aquí, les desilusiona.  Pd: quiero vino.

Flores: Venecia

Venecia Caminé por una noche que era calle de faroles; de luces difuminadas como estrellas llenas de niebla, o un aliento frío hacia el cielo. Las luces colgando de los balcones parecían puentes, quería recorrerlos de un extremo a otro, brincar de foco en foco, robar un poco de su calor y ser una luciérnaga viajera. Pd: ¿Me he olvidado de las flores?

Flores: Bruselas

Bruselas En una bitácora tan sedienta como mis ojos, empapados de niebla y de medias rotas,  hallo, entre los campos, lo verde y las casas. Por ahí han de estar las flores,  se escaparán de mi inventario.  Perderé sus colores en un aliento de chocolate belga y de frío,  mientras hablo en español pero nadie me escucha, mientras nadie entiende mi francés y me arrinconan a un inglés caribeño que se busca en lo británico. La posibilidad de los destinos,  en un aeropuerto caben muchos mundos, jerarquizados,  pero caben. Ps:  s'il vous plait! le dijo un niño a una puerta, las palabras mágicas sufrieron pocas distorsiones después del incidente de la Torre de Babel.

Flores: Madrid

Madrid  Juan de Arellano guardó las flores de sus días en óleos. Luego las encuadraron y las llevaron a El Prado. He tratado de imitarlo con la asistencia de hojas y cintas, pero aún no tengo flores. De mi breve colección, hecha de sorpresas y tropiezos, me llevo un poco del otoño que destiñe a las hojas y desnuda a las ramas. También me llevo otro poco del invierno que no llega, pero que, aunque desespere, aguarda. 10:40 p.m.

20-D

El invierno está por iniciar, pero acá dicen que no, que no se puede hablar de inviernos como este, que aún está por ser pero que pinta estar muy lejos de serlo. Se anhela y demanda un invierno que vaya más allá de hojas rotas marrón sobre las calles y un par de bufandas alrededor del cuello. A este reclamo se suma otro, como el de un cartel que gritaba su preferencia política en torno a las manos: mejor cortadas que (v-b)otadas. Afuera del cuarto de hotel está Madrid, que agita mi ventana con todas sus voces. He ahí un Madrid congregado en su plaza mayor, la misma que pintó Francisco Rizi en su auto de fé, ahí estaban todos, como hoy, aunque, hoy, si yo fuera Francisca Rizi, pintaría a las mujeres. La plaza mayor vocifera porque la crisis, la nueva ley electoral, Catalunya, las elecciones, Rajoy... Vocifera porque -aunque hay carteles junto a ese de las manos- que hablan sobre una España que puede en un "podemos", nadie sabe. Quizá sólo sepan los que tie...