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Mostrando las entradas con la etiqueta violencia

La libertad de la luciérnaga

Uno. Añicos Te extirpo, veneno. A ti que carcomiste mis costillas y bebiste agua de mis fuentes, te extirpo. Tengo un jardín de estatuas. Allí te hallabas, sustancia congelada. Te quebré con el martillo... ¡Fiesta de añicos! ¡Qué llueva! ¡Qué llueva! ¡Qué llueva! Dos. El after Me encontré triste, sola y con un paraguas roto, una mano ensangrentada y una risa lúgubre. Vomité petróleo, Espesura y aliento alcohólico, como tu boca podrida. Tres. Memoria Imágenes balanceándose entre los árboles, recuerdos viajeros y yo, atrapándolos, con redes. Aquí, a esos gusanos voladores, he de guardarlos en frascos. Jugaron a disfrazarse de mariposas; pero, con sus múltiples mandíbulas, encarcelaron las olas y partieron mis alas de velo. Cuatro. Luciérnaga Camino sobre el muelle. La orilla es el agua que cubre mis talones. Entonces las veo, sirenas morenas y negras; trenzaré sus cabellos, seré los cascabeles de sus aletas. La luciérnaga se posará sobre el faro y bai...

Normalidad

Extraño saber la normalidad y su sabor. Recuerdo mi librero lleno de certezas y a su jardín de inocentes soberbias. Sin darme cuenta que mis tardes eran libres, las aprisioné en nombre de la libertad. De repente tenía una cadena en los pies: compromiso-de-ser lo que (me) decía. No gozo de los privilegios para hacer lo contrario, ni que fuera hombre. Extraño repudiar la violencia y no ver caras, la seguridad de construir; pero nunca la tuve, nada se tiene. Las cataratas ya no me arrastran ni me golpean con sus caídas ni sus rocas; me evaporan. Ps: en serio la extraño.