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La consagración del verano

1
Las nubes son ballenas.
Rayos enfiestados de un sol de verano. 

Respiro bajo el agua y nado en el aire (contaminado). 

Sobrevivo sin manual y escribo poemas. 
Vivo en Coyoacán. 
Miro a escritores y escritoras consagrarse desde sus balcones. 

Yo también me consagro;
a la academia cazadora, 
la literatura navegante 
y el vagamundismo (antropológico). 

2
He retornado a las andadas de los cuerpos, 
a las cogederas en columpios y metros;
al 2x1 en cerveza y los affairs en Uber. 

¡Estoy viva! 

3
Espero respuestas. 
Con muchas monedas al aire, 
una aprende de malabares; 
a bailar en cabarets y mascaradas
y a jugar al circo en las alas de un avión que se lleva la lava del tiempo y sus ansiedades,
uñas carcomidas. 

Por ahora, 
Buenos Aires es una postal. 
Viajo porque quiero tenerla entre las manos y besarla. 
Amo mi locura y mi clítoris. 

Me abro a la incertidumbre;
hacia la carcajada de la lentitud y poca sed de mundo de los hombres intimidados;
asustados ante la pérdida de sus privilegios encofrados. 

Sobrevivo sin manual y escribo poemas. 
Vivo en Coyoacán. 
Me consagro al verano. 

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Raudal

Te aspiro en la espera interminable del hilo tendido frente a mí, inánida presencia, triángulos perdidos, ruido ingobernable que cabalga hacia mis furias sedientas,  mientras los abalorios de arena se entierran en tu boca. 

Sepulcral

Searching in the prints of animal life; those whispers of sand, of holding hands of the dead and my friends. Away. Oh, there, the plains and the stars laugh at me for the lost and the time that went to somewhere, in between the lines of dirty hands, old books and hot pens. Oh, that nights of rough beds, mountains of bodies searching souls and some angels' dust in the eyes. People. I'm forgetting (that feeling). The touch. And the hug. The frozen voice and images that fly through wires. I miss the tongues, unprisioned by wines and the sound of bottles, emptied by words.

Leer al cielo

Era de noche y Lua ladraba. Se camuflaba con las sombras y los gatos. Sus ladridos eran mi camino; creía que me llevaban de los oídos, pero no; sólo me acompañaban a la catástrofe. Como siempre, testigos de mis intentos suicidas. Llegamos al monte. Con mis orejas desnudas y mis ojos nublados, busqué. Arranqué las flores y desenterré las piedras. No hubo espectáculo de nada, pero la nostalgia se lució; desfiló con sus plumas empolvadas y los aluxes bailaron. La humedad trazó su cauce y, sobre una hoja de palmera, llegamos a una entrada. Pudo ser cualquiera, pero era la de un templo silenciado. Aún de pie; sobre sus muros desgarrados, sus códices desaparecidos, figura desequilibrada y sin rastros de un color. Lloramos. A lo lejos, allá arribita, las estrellas contaban historias indescifrables y yo, ante la dictadura del sonido, escuchaba. Si algo no sé, es leer al cielo.