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Barrancos

Nadie tiene la responsabilidad de ser su mejor ficción


Corazón abierto 

Ya me he ahogado en la levedad de mi camino, 
el que hacen mis pies. 

He esperado y desesperado en la terrible espera de esperar. 

Ya he divagado en el desierto;
he dejado mis huellas y besado al viento que las borra. 

Lancé los manuales invisibles.

Ya visité las estaciones sin nombre y los pueblos fantasmas;
 las incertidumbres y las ansiedades.

También me he adelantado por meses y llegado tarde por días.

Ya he sembrado suspiros en los jardines pasajeros, 
recorrido los puentes rotos y saltado del barranco.

Todo, con las manos libres. 

Ya he arrojado las capas del orgullo,
la soberbia y impaciencia. 

La ropa no tiene nada que ver con desnudarse. 

Ya me fundí con la multitud del metro;
ya fui riel.

Ya, simplemente ya. 

Sin ataduras

Dejo volar las esperanzas como globos sin paradero,
o burbujas que viajan hacia la superficie de sí mismas.

Levanto las anclas de este puerto,
me llevo los atardeceres y también las noches,
de lunas nuevas y llenas.

El amor y los estados (de la materia)

Consumimos tóxicos.
Fomentamos las rutas del tráfico, 
islas sin frontera. 

Organizamos el amor;
se torna un asunto protocolario,
de códigos y fechas,
de personajes ilustres y lugares claves.
El inicio y el fin de las eras, porque siempre nos han gustado las lineas;
porque hemos segregado a los círculos
y exterminado los espirales. 

Olvidamos que por un segundo podemos ser líquidas;
al otro, sólidas;
y en un parpadeo o el aleteo de una mariposa,
gaseosas. 

Nos vamos con las corrientes del río,
los granos de arena de algún castillo
y el humo del frío y del calor: la nieve y el infierno. 


Perfección y expectativas 

En la ciudad de las imágenes, 
nos buscamos entre ellas.

El bosque de la autenticidad ha sido talado. 
Sembremos.

Amemos en la imperfección;
en la insoportable llaga del descontrol y lo inesperado. 

Renuncio a la responsabilidad de ser,
mi mejor versión según...  

No la tengo, no para ti; 
tampoco para él, ella, aquél o aquella. 
Simplemente no la tengo,
ni la quiero,
ni la busco. 


Amarse en la imperfección es la forma más suprema de amor.

Yo soy yo y viceversa. 
Si resulto intolerable, será por mí. 
Si resulto amada, será por mí. 
Si resulto memorable, será por mí. 
Si resulto despreciable, será por mí. 

Fuera de eso, nada es asunto mío.
Nada, más que ser mis yos,
                                            en mis estados, 
                                                                     a través de mis ficciones. 

POSDATA

¿Quién diría que una charla al borde de una cascada puede cambiar la vida?
Yo. Lo diría yo porque...
                                        Metamorfosis. 





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