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Posdata balcónica

Sur desobediente.
En pleno invierno están naciendo unas bugambilias púrpuras a mi derecha.
Aquí siempre es verano o primavera.

A mi izquierda hay un jardín de un señor que ha ido vendiendo los terrenos de esta cuadra,
que su abuelo sembró.
Escuché que con el dinero de la venta cosechó un auto que le chocaron.

Frente a mí hay un árbol que se rodeó al momento de construir esta casa blanca que los pájaros han ido pintando a su paso.
Entre las hojas veo dos casas, una está hecha con piedras y en la otra hay dos perros que me ladran cuando camino por junto a la barda.

En este balcón he cogido a dos que tres con locura, ternura y ternilocura.
A este balcón han trepado un par de ladrones y un imbécil,
de esos que habla de ciudades humanas y me persiguió por toda la calle,
que habla sobre violencia de género y casi me golpea.

Desde este balcón veo a un gato aventurero y más vagamundo que cualquier ser que haya conocido.
Brinca de techo en techo.
Parece sombra, así como yo cuando lloro.

Bebo té (con los últimos mililitros del garrafón) en una taza que me compré a $10 en el Cideci.

Me voy,
se me acabó el cigarro y la posdata.

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