Ir al contenido principal

Universitaria en Coyoacán

Juego de sombras;
palacio de bongs;
risas y monchis...

Los pliegues de la cortina;
semblanza de una millennial...
Veo a La Plata en el espejo;
la cruzaré en mi peregrinar hacia Montevideo.
Camino sobre el agua y careceré de testamento; lo aprendí en la Cineteca.

Resignifico canciones en el vaivén de significantes, 
ciudades de sentido. 

Tranqui, tronco...
Deja las correas, que estas caderas son libres de ser;
han roto y quemado las cadenas,
los muros de hierro y los candados de marfil.

¿Mis amigas?
Fundiéndose con el mundo, sin señal, enamorándose (más) y con trabajo(s).
Lejanas y perdidas, entre la lumbre de los abismos neoliberales y el placer de no-recordar-me.
No hay paloma mensajera que las encuentre;
ni me gustan las aves.
[Las niñas perdidas]

Me fumo la teoría antropológica;
la quemo bieeen rico...

¿Y la Praxis? 
"Ah, no sabía que había convocatoria para el club de los binomios"

Llegaré con estas botas hasta la Patagonia. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Raudal

Te aspiro en la espera interminable del hilo tendido frente a mí, inánida presencia, triángulos perdidos, ruido ingobernable que cabalga hacia mis furias sedientas,  mientras los abalorios de arena se entierran en tu boca. 

Ajolotitos negros

¿La soledad? Un juguete,                          papalote vagabundo; cisne de papel humedecido por un ramo de temblorosas tristezas que retum-                          que-tumban sobre los habitantes del espejo, insaciable par de ajolotitos negros; rebelde ahogado en los lívidos pétalos de alguna lengua áspera, carcelera de los gritos                                              y el parpadear azucarado de una palabra                                                                          ...

Callerías y privilegios

El tiempo se evapora en la tardanza de un semáforo; juego tricolor de promesas, de esas que se venden en banderas. Pedalea una guerra entre los metros despistados y las rieles oxidadas. Entre el sudor de las prisas y el coraje de los olvidos, se asoma una lata que suena; son semillas y monedas de hambre que cantan mientras el fuego vuela como gasolina sobre caderas. El sol, de rayos invisibles, indestructibles y omnipresentes, pintarrajea las pieles que no se miran en los anuncios. Un vidrio empapado como una cara escupida, una bolsa rota por la lluvia, una almohada abandonada, un sandwich con hongos, una noche con camas de periódico o sólo un mal recuerdo: -Ahorita no tengo. -Pa' la vuelta. Le pega el aire, el acondicionado,                             acondicionador,                                     ...