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Crudeza cascaruda

[Higiene]
Me limpio la cara.
Recolecto polvos grises,
estancados en mi cara;
esa del espejo y la que miro.

[Metro]
Nado entre los peces moribundos,
nos vamos en la red metálica y hasta donde sea que nos arroje el monstruo.

De aquí para allá.
Sin parpadear;
con ampollas y pantorillas delineadas.
Un pulque en mente y besos pendientes.

[Semper Altius]
Las medallas y la vida.
Palomeo mis planes; me tatuo estrellitas.

Coloco mi lista imaginaria en una vitrina.
Una más a mi collage de selfies,
cristalizaciones de que estoy encardumendata hacia el éxito.

[Somos parpadeos]
Luego luego, veo los cráneos del Museo de Antropología y me asusta el existencialismo;
me asusta la muerte, el vacío y la nada.

Me agobia la responsabilidad de crear mundos de la vida
y asumirme como parte de un momento irrepetible entre los daguerrotipos de la Vía Láctea.

Luego luego, sólo quiero suicidarme.
Lanzarme por las escaleras,
planear un terremoto
y
envenenarme de dolores.



Aquí, reportándome desde la Crudeza Cascaruda

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