Esfinge rendida ante el oráculo,
enigma de cuernos y sueños.
Frío y encerrado,
un miedo distante.
Discreto, labra su sable.
Parte el silencio de nubes de niebla azulada.
Ocultas del cielo,
entre las piedras, las aceitunas susurran.
Recogidas por tu iris sin columna suenan historias de ramas, viajeros y fantasmas.
Y te miro...
Entonces te vuelves paisaje y desapareces en un suelo sonrojado.
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