Ir al contenido principal

Horror

Inédita,
            silencia,
                          a,
                             ah,
                                  AH,
                                        ¡AH!

Hablaba sobre los martillos, las ventanas rotas, los pies lastimados, los gritos y la sangre; hablaba, lo hacía mientras veía un retrato de alguien a quien quiero. Ahí no había espejos, más que el que ella cuarteó cuando gritó. Sólo me fijé en cómo surgía el relieve de su superficie de agua pero no me miré en ella. Ojalá lo hubiera hecho porque hubiera visto mi rosto roto y las cicatrices escondidas con explicaciones y golpes de pecho, cadenas de cruces y rosarios de promesas.

Caminé hacia atrás.
Llore, empujé y temblé.
                                      Temí.
       
         En ese camino hacia el manantial, me vi en ti.
Se abrieron las cicatrices, ¿cómo enumerar, nombrar y explicar cada herida, torrentes de lava?
Rompí las cadenas y los rosarios aunque aún, con dolor, me golpeaba el pecho pero me vi, me vi en ti y lo que vi fue:
                        horror.


https://www.youtube.com/watch?v=amH_W3AKAak



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Raudal

Te aspiro en la espera interminable del hilo tendido frente a mí, inánida presencia, triángulos perdidos, ruido ingobernable que cabalga hacia mis furias sedientas,  mientras los abalorios de arena se entierran en tu boca. 

Sepulcral

Searching in the prints of animal life; those whispers of sand, of holding hands of the dead and my friends. Away. Oh, there, the plains and the stars laugh at me for the lost and the time that went to somewhere, in between the lines of dirty hands, old books and hot pens. Oh, that nights of rough beds, mountains of bodies searching souls and some angels' dust in the eyes. People. I'm forgetting (that feeling). The touch. And the hug. The frozen voice and images that fly through wires. I miss the tongues, unprisioned by wines and the sound of bottles, emptied by words.

Leer al cielo

Era de noche y Lua ladraba. Se camuflaba con las sombras y los gatos. Sus ladridos eran mi camino; creía que me llevaban de los oídos, pero no; sólo me acompañaban a la catástrofe. Como siempre, testigos de mis intentos suicidas. Llegamos al monte. Con mis orejas desnudas y mis ojos nublados, busqué. Arranqué las flores y desenterré las piedras. No hubo espectáculo de nada, pero la nostalgia se lució; desfiló con sus plumas empolvadas y los aluxes bailaron. La humedad trazó su cauce y, sobre una hoja de palmera, llegamos a una entrada. Pudo ser cualquiera, pero era la de un templo silenciado. Aún de pie; sobre sus muros desgarrados, sus códices desaparecidos, figura desequilibrada y sin rastros de un color. Lloramos. A lo lejos, allá arribita, las estrellas contaban historias indescifrables y yo, ante la dictadura del sonido, escuchaba. Si algo no sé, es leer al cielo.