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De cafeterías: romanticada.


Hace unas semanas estuve platicando con un cuate sobre los cafés, entiéndanse como lugares en donde se venden distintos tipos; él me comentó que un compañero solía decirle que las calles con cafés embellecían a las ciudades. Ambos/as coincidimos en que eso era acertado. Recordé esta conversación porque hace un par de días descubrí un café cerca de mi casa (aproximadamente a 5 minutos caminando), me visualicé leyendo, estudiando y platicando con mis amigas/os. En ese momento le mandé un whats a una de ellas/os para decirle que cerca de nuestras casas habían abierto un café, le sugerí que fuésemos un día de la semana y ayer nos tomamos unas tazas (no tardamos mucho en caer, je). Por desgracia, no contaban con internet y nos limitó un poco en cuanto a las cosas que teníamos pensado hacer pero, de cualquier forma, fue bueno encontrarnos en otra atmósfera. Si quiero café, lo más rápido y económico sería comprar un paquete de Pluma o algún orgánico de Chiapas o Veracruz pero no sólo se trata del café en sí mismo (aunque, por supuesto, es muy importante), sino de en dónde y con quién se toma. He ahí el encanto de los cafés o, para evitar confusiones, las cafeterías. 


Quizá se deba a la difícil readaptación a los horarios de la universidad pero me cuesta trabajo mantenerme despierta durante ciertos horarios de la tarde y también el estar mucho tiempo por mi cuenta permite que la distracción me lleve por rumbos lejanos a mis deberes. No sé si encuentro una especie de refugio o disciplina en las cafeterías pero he sentido que es fácil que nos adaptemos entre nosotras; además de que me agrada pensar que hay espacios en donde se beben cafés americanos, lattes, frapuccinos, expressos, entre otras delicias, mientras se intercambian y crean vivencias. Los humos dentro de las cafeterías, bien pueden deberse a los cafés hirviendo, a las bocas fumadoras o a las hogueras de monólogos y diálogos. Pensar en que existen puntos ardientes, ya sea por una u otra de las razones ya mencionadas (u omitidas), me anima a querer ser parte de éstos, por mi cuenta o junto a otras personas. Hay muchos lugares en los cuales me gusta experimentar tanto la soledad como la compañía; definitivamente las cafeterías entran en esta categoría.


Ps: el culpable de esta entrada fue un hallazgo. 

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