Ir al contenido principal

Contra el gobierno del lenguaje

"El amanecer siempre aparece corrigiendo al anochecer"


En restro-S-pectiva, eras tú, tan cíclope, y ahora, desde esa -la- vez, no dejo de verlo cuando miro. No se va ni quiero que se vaya, aunque no te lo diga ni lo piense, por eso me pierdo un poco. No renuncia a la mirada ¿recetas para arrancármelo? Can't stay but would you like to dance a danzón avec moi? Vamo' a perderno' de salsa en salsa. Los movimientos son la protesta contra el gobierno del lenguaje. Después me voe a anestesiar de la condena de hacerme cargo de mis maletas; ojalá fueran tan mías como dicen. Quisiera. Por lo menos tendría una culpa que sería mía. Pero así no puedo tener nada. Ni nombre.Yo quería una proviedad privada.

Todos los Atlas cargan sus mundos. Tiemblan sus brazos, sus voces, si aún la tienen.
Agotados, observan las ruinas de la m-oral. Tócame una rolita rica, suave y lentita.



"Songoro, cosongo de mamey"

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Raudal

Te aspiro en la espera interminable del hilo tendido frente a mí, inánida presencia, triángulos perdidos, ruido ingobernable que cabalga hacia mis furias sedientas,  mientras los abalorios de arena se entierran en tu boca. 

Sepulcral

Searching in the prints of animal life; those whispers of sand, of holding hands of the dead and my friends. Away. Oh, there, the plains and the stars laugh at me for the lost and the time that went to somewhere, in between the lines of dirty hands, old books and hot pens. Oh, that nights of rough beds, mountains of bodies searching souls and some angels' dust in the eyes. People. I'm forgetting (that feeling). The touch. And the hug. The frozen voice and images that fly through wires. I miss the tongues, unprisioned by wines and the sound of bottles, emptied by words.

Leer al cielo

Era de noche y Lua ladraba. Se camuflaba con las sombras y los gatos. Sus ladridos eran mi camino; creía que me llevaban de los oídos, pero no; sólo me acompañaban a la catástrofe. Como siempre, testigos de mis intentos suicidas. Llegamos al monte. Con mis orejas desnudas y mis ojos nublados, busqué. Arranqué las flores y desenterré las piedras. No hubo espectáculo de nada, pero la nostalgia se lució; desfiló con sus plumas empolvadas y los aluxes bailaron. La humedad trazó su cauce y, sobre una hoja de palmera, llegamos a una entrada. Pudo ser cualquiera, pero era la de un templo silenciado. Aún de pie; sobre sus muros desgarrados, sus códices desaparecidos, figura desequilibrada y sin rastros de un color. Lloramos. A lo lejos, allá arribita, las estrellas contaban historias indescifrables y yo, ante la dictadura del sonido, escuchaba. Si algo no sé, es leer al cielo.