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Buenos días, dolor

Tú sí que sabes irte. Nunca dudas. Sólo lo haces. Remas o corres, pero te vas. Para mí es un proceso más lento y tedioso como arrastrarse. En cambio, tú te vas, te vas y te vuelves a ir.

Las palabras como balas de una metralleta que ponen mi alma al filo de la vida o frente a un rio. Y en su triste orilla llora por todo lo que es y lo que no fue.

Ser tu desilusión es un peso que no quería ni buscaba, pero como todo lo malo, llega sin aviso para atravesar hasta el último cielo.

Los demonios son bien perros y quizá mi amor, pobre y pálido, no vale nada para ti. Al final, no seré nadie más que esa desilusión con un nombre que borrará el tiempo cuando llueva sobre las gárgolas del infierno.

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