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Entré al bosque y salí vacía

No hay refugio.
Cualquier esquina del mundo es una trinchera para llorar,
un intersticio para escapar al voyeurismo.

Directo al ring del juicio.
Desde aquel trono de barro se asomará el monstruo de tres dedos;
morderé uno,
masticaré otro y escupiré el último.
Renacerán mil.

Bailaré para encantarlos;
para olvidarme de mi yo despedazado.
Obtendré la corona del fracaso.
Sudaré y salivaré sin lograrlo.

Repetiré la operación.
La declararé imposible y esa será mi bandera, para caer de nuevo.
Pero con gloria.

Seré una laguna desbordada,
una marea roja,
un vino envenenado
o la espuma algún animal que tiembla. 

"No importa lo que te digan, siempre estamos solas"

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