Ir al contenido principal

La nada o la muerte. Los vacíos

Para el frío, tengo mis frazadas; 
para el sueño, almohadas y sueños;
pero para la muerte... 

Para la muerte, estoy despojada;
para ese caos interminable, no hay nada;
ni remedio,
ni consejo,
ni calor, 
ni sueño, 
ni abrazo,
no hay nada, 
más que miedo. 

Miedo que sólo sirve para robarle pedacitos de muerte a la muerte y de miedo al miedo.  
¿Cómo será la despedida final de mis finales incontemplados? 

El arrepentimiento del ateísmo, 
el refugio en los rosarios despreciados y el último aliento, la última mirada que se va a la nada;
a la muerte que les espera para tragárselos. 

Nada más y nada menos, 
que el fin de los fines;
el fin del sentido, 
el fin de la culpa;
la culpa del sentido y el sentido del fin. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Venonismo

I. Post-it Un día una boca de martillo me dijo "Ah, pero afuera...". Nop, nopiti, nopiti, nop, no le creí, ¿por qué cómo? ¿yo? ¿a mí? Por favor... Pero sí, hubo un afuera que ha sido venenoso. I. Instrucciones para extirpar el veneno  El primer paso es cuestionar la idea la instruccionalización del veneno porque la venenización de la extirpación aunque, proviene de la biología, es una construcción (la poca originalidad se consigue a la vuelta de la esquina o con enterarse que tiraron el muro de Berlín). El segundo paso es memorizar el primero. El tercer paso es no olvidar ni el primero ni el segundo. El cuarto paso es lamerse las heridas, así, como se prefiera, con cualquiera de las lenguas: las que hablan mal, las que se traban, las que lloran mucho, las que se enrollan, las que parece que no están pero sólo saben esconderse bien, entre otras lenguitudes. La quinta pasada es, precisamente, dejar de pensar en "pasos. La sexta pasada es sensibilizarse -mediante...

Ajolotitos negros

¿La soledad? Un juguete,                          papalote vagabundo; cisne de papel humedecido por un ramo de temblorosas tristezas que retum-                          que-tumban sobre los habitantes del espejo, insaciable par de ajolotitos negros; rebelde ahogado en los lívidos pétalos de alguna lengua áspera, carcelera de los gritos                                              y el parpadear azucarado de una palabra                                                                          ...

Raudal

Te aspiro en la espera interminable del hilo tendido frente a mí, inánida presencia, triángulos perdidos, ruido ingobernable que cabalga hacia mis furias sedientas,  mientras los abalorios de arena se entierran en tu boca.